El mes de agosto es un período tradicional de fiestas en Requena, y para profundizar en esta tradición, el Documento del Mes de este año explora cómo los regidores requenenses organizaron las celebraciones por los nacimientos reales ocurridos en 1601 y 1607. En el siglo XVII, los días festivos no solo eran religiosos, sino que también incluían celebraciones civiles, especialmente aquellas vinculadas a la monarquía, como casamientos, entronizaciones, fallecimientos o nacimientos de herederos.
La concepción de un heredero era crucial para la continuidad de la dinastía y para forjar alianzas europeas. En 1601, el nacimiento de la primera hija de Felipe III de España y Margarita de Austria-Estiria, Ana María de Austria, fue motivo de efusiva celebración. El monarca envió un mensaje a los requenenses agradeciendo el nacimiento, y siguiendo su voluntad, los regidores prepararon diversos eventos.
Según los acuerdos municipales, las fiestas incluían una procesión a cargo de los arciprestes, acompañada por el repique de campanas. La participación de la Iglesia era fundamental, entremezclando el acontecimiento político profano con la veneración religiosa, una característica de las sociedades sacralizadas del Antiguo Régimen. Además, los oficios debían mostrar sus “invenciones”, un desfile de carros decorados según las profesiones, y salir disfrazados con máscaras, siempre con permiso del alcalde mayor. También se ordenó a los vecinos encender luminarias en las ventanas y hacer hogueras en las calles para iluminar la villa, con penas de seis maravedíes para quien no lo hiciera. El no participar en las invenciones conllevaba una pena de diez mil maravedíes para todos los oficiales de dicho oficio.
La música, a cargo de los ministriles, acompañó espectáculos como una corrida de toros, para la cual se adquirieron cuatro toros. También se organizaron espectáculos caballerescos, incluyendo la “correr sortija”, un juego de habilidad consistente en ensartar un anillo con una lanza desde el caballo al galope, y el estafermo, un muñeco armado que atacaba al jinete. Estos juegos, junto con danzas y música, conformaron las celebraciones por el nacimiento de la infanta.
La financiación de los eventos fue gestionada por el alférez mayor Miguel de Zapata y el regidor Francisco Ferrer, con un coste total de 636,5 reales (21.640,5 maravedíes), financiado principalmente por el arrendamiento de dehesas y valles.
En 1607, se repitió la fórmula para el nacimiento del infante Carlos de Austria, con una procesión, el encendido de luminarias y celebraciones de danzas y bailes. Se repitieron espectáculos como toros, mascaradas, invenciones y repiques de campanas, manteniendo la tradición festiva de la villa.
“"fue nuestro señor servido de alunbrar de una hija a la sereníssima rreina mi muy cara y muy amada muger porque le he dado y doy infinitas graçias y quedo con el contentamiento que es rraçón"




