Un trabajo conjunto del Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV) y el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA), ambos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha demostrado la influencia de la lactancia materna en la configuración del fagoma intestinal, el conjunto de virus que atacan a las bacterias de nuestra microbiota. El estudio, publicado en la revista Cell Reports Medicine, analiza cómo este ecosistema viral cambia durante los primeros doce meses de vida del bebé, pasando de una estructura más simple asociada a la lactancia a una mayor diversidad con la alimentación complementaria.
La investigación se enmarca en la cohorte MAMI, un seguimiento de madres e hijos en la Comunitat Valenciana desde el nacimiento. Se analizaron muestras fecales de los bebés a los siete días, al mes, a los seis y doce meses, junto con muestras maternas y de leche. A través de análisis metagenómicos, se identificaron 6.248 poblaciones virales no redundantes. Inicialmente, el fagoma infantil es sencillo, con pocos virus concentrando gran parte de la abundancia, destacando los asociados a bacterias como Bifidobacterium.
La diversidad viral aumenta progresivamente a lo largo del primer año, pasando de unas 56 poblaciones virales por muestra en la primera semana a unas 160 a los 12 meses. "Comprender cómo la alimentación influye en la evolución del fagoma nos permite conocer mejor las relaciones entre los virus y las bacterias hospedadoras intestinales durante una etapa clave del desarrollo", señala Alberto Marina, investigador del IBV-CSIC y coautor del estudio. "Los bacteriófagos forman parte del ecosistema intestinal desde los primeros días de vida y cambian a medida que también cambia la microbiota".
Los resultados sugieren que la alimentación es el factor más consistentemente asociado al fagoma. Los bebés alimentados con leche materna presentan más fagos de Bifidobacterium, mientras que con el destete y la alimentación complementaria aparecen fagos asociados a bacterias como Lachnospiraceae y Ruminococcaceae, más características de la maduración intestinal.
El estudio también analizó la coincidencia de poblaciones de fagos entre las madres y los bebés. "Encontramos poblaciones virales compartidas entre madre y bebé, y observamos que este solapamiento cambia a medida que avanza el desarrollo. Los resultados son compatibles con una contribución materna, pero necesitamos más estudios para determinar qué fagos se transmiten y qué función tienen", explica Elena Cabello Yeves, investigadora del IBV-CSIC y primera autora.
Esta investigación amplía el conocimiento sobre el desarrollo del microbioma infantil, incorporando el papel de los bacteriófagos y sus interacciones con las bacterias. "Estos virus pueden modificar las poblaciones bacterianas e intervenir en el intercambio genético entre ellas", concluye el equipo, que incluye colaboradores del CSIC, CIBERER, CIBERESP y universidades del Reino Unido.




