La reconstrucción del episodio, realizada a partir de datos de precipitación y modelos matemáticos, revela cómo el agua arrastró sedimentos y cómo la ocupación urbana de las zonas inundables agravaron el evento. El estudio, publicado en la revista Journal of Hydrology: Regional Studies, permite extraer lecciones para reforzar la prevención frente a las inundaciones repentinas mediterráneas.
Una de las principales conclusiones es que la inundación no puede explicarse únicamente por el caudal del barranco del Poyo. La mayoría de los barrancos analizados alcanzaron sus máximos entre las 18:30 y las 19:50 horas, provocando que grandes cantidades de agua de distintas cauces confluyeran en un corto intervalo de tiempo, agravando la situación. "La coincidencia de grandes aportaciones de agua y sedimentos en un intervalo muy reducido fue determinante", indica Carles Beneyto, autor principal del estudio.
Las simulaciones sitúan la aportación conjunta del sistema en torno a 7.000 metros cúbicos por segundo antes de los principales desbordamientos. Además, las lluvias de la mañana habían humedecido las cuencas, favoreciendo una respuesta más rápida e intensa a las precipitaciones extraordinarias de la tarde.
Los sedimentos representaron aproximadamente el 7 % del volumen total de la avenida, alcanzando el 19 % en los momentos de máximo caudal. Estos materiales incrementaron la resistencia al flujo y redujeron la capacidad de evacuación de los cauces, agravando los efectos. Asimismo, la ocupación de las llanuras inundables y las infraestructuras condicionaron los recorridos del agua.
Los investigadores utilizaron el modelo hidrológico TETIS y simulaciones hidráulicas de alta resolución. El equipo de la UPV advierte que episodios de esta complejidad no pueden evaluarse solo con estimaciones estadísticas de caudales. "Debemos evaluar conjuntamente la lluvia, la respuesta de las cuencas, el transporte de sedimentos y la ocupación del territorio", concluye Félix Francés, catedrático de Ingeniería Hidráulica.




