La investigación, publicada en la revista Science, analiza las estimaciones de laboratorio sobre el vuelo de 50 especies de aves y murciélagos y concluye que el tamaño, el vuelo batido y las corrientes de aire determinan el gasto energético en libertad. Gracias a la atmósfera, volar puede ser la forma de viajar más ‘barata’ para los animales.
“Las aves silvestres reescriben las reglas del viaje”, comenta el catedrático de Ecología José Antonio Sánchez Zapata, firmante del estudio. Explica que, aunque un cóndor andino y un cisne pesan aproximadamente lo mismo (unos 11 kilogramos), el cóndor gasta una quinta parte de la energía que el cisne por recorrer cada kilómetro. La diferencia radica en el aprovechamiento de las corrientes térmicas ascendentes, que permiten al cóndor aletear solo el 0,1% de su tiempo de vuelo, mientras que el cisne lo hace el 99%.
La investigadora Martina Scacco, del Instituto Max Planck, señala que el cielo es un recurso esencial que puede cambiar drásticamente el coste de un viaje. Emily Shepard, de la Universidad de Swansea, añade que las reglas de laboratorio no contemplaban esta diferencia evolutiva, y que el coste energético para un cóndor fue un 79% menor que para un cisne, siendo el vuelo planeado más ‘barato’ que nadar.
Este es el mayor estudio realizado para examinar el coste energético de los viajes de larga distancia en animales silvestres, combinando 17 años de datos de seguimiento de 850 aves y murciélagos de 38 especies. La ciencia española aportó datos de buitres y cigüeñas gracias a la UMH, la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y la Universidad de Granada (UGR).
El estudio también considera el papel de la atmósfera en el desplazamiento a escala global y ofrece una clave para la conservación de las especies aéreas. Los cambios atmosféricos afectan las rutas migratorias y las áreas de campeo, y los cambios climáticos podrían alterar los patrones de viaje de los animales.
La metodología utilizó acelerómetros para distinguir entre aleteo (alto coste energético) y planeo (bajo coste), asociando datos GPS con el viento y las corrientes ascendentes para calcular el gasto energético por metro recorrido. Las especies se dividieron en planeadoras y aleteadoras, demostrando que cuanto más pesada era el ave planeadora, menor era su coste de transporte.
El equipo español aportó información de seguimientos de buitres leonados y cigüeñas blancas. Los buitres planeadores analizados volaron más de 4,3 millones de kilómetros aleteando solo entre el 0,1% y el 7% del tiempo. El cóndor andino, el más pesado, fue el que menos aleteó, aprovechando la energía atmosférica como si fuera un 'ascensor gratuito'.
Las aves que dependen del aleteo utilizan un movimiento de coste energético para condiciones variables, donde el viento de cola les da apoyo y el de frente presenta resistencia. El trabajo ha contado con financiación europea, nacional e internacional.




