Las playas de Cullera se transformaron ayer en un escenario de fuertes rachas de viento, algunas superando los 130 kilómetros por hora, durante la última sacudida térmica registrada en la zona. Los remolinos de arena redujeron drásticamente la visibilidad, haciendo casi imposible una visión clara, a pesar de lo cual todavía había personas bañándose.
Las terrazas de los establecimientos quedaron vacías a medida que la cortina de arena y lluvia ahogaba las vistas. La situación también complicó los desplazamientos por carretera en la Ribera Baixa durante la tarde. Las intensas precipitaciones y el viento hacían difícil la conducción, superando la capacidad de los limpiaparabrisas de los vehículos.
Ante la intensidad de la tormenta, algunos espacios cubiertos sirvieron como refugios improvisados, mientras se empezaban a oír las primeras sirenas de ambulancia. En Sueca, el viento, con rachas superiores a los 100 kilómetros por hora, causó desperfectos en el mobiliario de las terrazas. En Polinyà del Xúquer, los daños también fueron significativos, con más de 50 litros por metro cuadrado acumulados y árboles resistiendo el embate del temporal.
En El Mareny de Barraquetes, las ramas caídas dificultaron el paso de los conductores y algunos vecinos vieron imposibilitado el uso de sus vehículos. La tormenta, descrita por los testigos como "virulenta y rápida", apareció de forma repentina. "Empezó a llover mucho y, de repente, todo daba vueltas", relató un testigo.
Este episodio, breve pero especialmente intenso, marca el final de las temperaturas extremas de los últimos días, dejando una Ribera Baixa afectada por el viento, la lluvia y los efectos de una sacudida térmica.




