La propuesta artística busca una aproximación a las consecuencias de la DANA a través del contacto con el barro, la escucha de la materia y la atención a las huellas que el desastre deja en la vida cotidiana. El taller invitó al público a detenerse ante el peso, la humedad, las resistencias y las grietas que el material presenta.
Según el autor, “trabajar con el barro se convierte así en una manera de dejarse afectar por lo que ocurre entre las manos, ya que cada gesto responde a un material que ofrece posibilidades, pero también impone límites y altera las intenciones de quien lo toca.”
Desde esta escucha, el taller se acercó a lo espectral: las ausencias, los recuerdos y las experiencias que continúan presentes aunque ya no tengan una forma visible. La retirada del agua y la limpieza de las calles tras el desastre no borran todo lo sucedido, ya que persisten marcas en los espacios, en los cuerpos y en las relaciones, así como silencios y preguntas que aún no encuentran palabras.




