La investigadora postdoctoral Marina Romaní, del grupo de Microbioma e Innovación en Nutrición y Salud del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC), ha protagonizado un seminario titulado “El diálogo entre el intestino y el cerebro a través de la dieta y la microbiota”. En la sesión, ha presentado diferentes avances sobre la influencia de la alimentación y los microorganismos intestinales en la interacción entre ambos órganos.
Romaní ha explicado cómo el eje intestino-cerebro participa en la regulación de la conducta alimentaria y cómo ciertos factores durante las primeras etapas de la vida pueden condicionar la relación con la comida en la edad adulta. Ha expuesto resultados que relacionan el estrés temprano y una dieta materna rica en grasas y azúcares con una mayor motivación por consumir alimentos hipercalóricos, así como con cambios en los circuitos cerebrales vinculados a la recompensa.
La investigadora también ha abordado el potencial de la microbiota intestinal como herramienta para mejorar la salud metabólica. Entre los ejemplos presentados, ha destacado el papel de Phascolarctobacterium faecium, una bacteria que en modelos experimentales ha mostrado capacidad para reducir la ingesta y prevenir la ganancia de peso. Asimismo, ha explicado los avances en el estudio de Hodemanella biformis, que puede reducir la respuesta glucémica tras la ingesta a través de mecanismos relacionados con la hormona GLP-1. Estos resultados abren nuevas preguntas sobre la participación del eje intestino-cerebro en el control de la glucosa.
La charla ha repasado también las vías que permiten la comunicación entre el intestino y el cerebro, especialmente a través del sistema nervioso entérico y el nervio vago. Por último, ha introducido nuevas líneas de investigación sobre la relación entre dieta, microbiota, señalización nerviosa y dolor crónico, ampliando el estudio de este eje más allá de la salud metabólica hacia otros ámbitos, como la salud mental.




