Moros y Cristianos en Ontinyent: la Entrada Mora recrea la conquista de Constantinopla

La comparsa Moros Marinos narra la gesta de Mehmed II con un gran boato que culmina con un mensaje de unidad.

Imagen genérica de un desfile histórico con camellos y guerreros en una plaza mediterránea.
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Imagen genérica de un desfile histórico con camellos y guerreros en una plaza mediterránea.

La Entrada Mora de Ontinyent recreó la histórica conquista de Constantinopla por Mehmed II, con un espectacular boato de los Moros Marinos que culminó con un mensaje de unidad.

La ciudad de Ontinyent vivió anoche una noche espectacular con la Entrada Mora, donde la comparsa Moros Marinos, con Juan Luis Galiana Aleixandre como capitán, recreó la gesta de Mehmed II, quien conquistó Constantinopla en 1453. El desfile trasladó la historia de la ciudad otomana a la Vall d'Albaida, convirtiéndose en el hilo conductor de un evento marcado por un gran boato.
El bando de la media luna recorrió las principales arterias de la ciudad con el segundo gran desfile de las fiestas de Moros y Cristianos. La propuesta de los Moros Marinos se centró en el mar y partió de una licencia histórica: la conquista de Constantinopla, que cambió el curso de Europa. En el relato diseñado, el conquistador otomano puso sus ojos en un nuevo objetivo: Ontinyent.
El boato comenzó con la fragata Almanzor, símbolo de los Moros Marinos. Tras superar las cadenas que impedían el acceso marítimo, la danza de Masters Ballet representó la batalla entre la resistencia de la ciudad y la fuerza de las embarcaciones. Las escuadras Dardanelos y Mitja Lluna simbolizaron a los combatientes y los gazíes, preparando el desembarco sobre tierra firme.
El desfile continuó con unidades inspiradas en la organización militar otomana, como los sipahis y los jenízaros, y tiradores de infantería. Cañones y bombardas evocaron el asedio de Constantinopla, trasladando simbólicamente la ofensiva a las murallas de Ontinyent. Guerreras de Anatolia y Rumelia, arqueros y soldados nobles representaron la caída de las defensas.
La segunda fase del boato mostró la magnitud de la corte otomana. Camellos, mamelucos y mercenarios africanos dieron paso a una caravana que representaba el imperio. El Ballet Ópera introdujo la corte con una danza de inspiración turca, seguida de un espectáculo de deseos y augurios al sultán, y la representación del palacio imperial con una escolta femenina a caballo.
El momento culminante llegó con Juan Luis Galiana Aleixandre, el capitán moro, representando a Mehmed II. Apareció al frente de un séquito con representantes de grandes familias, acompañado por la Banda Sinfónica de Ontinyent y una gran cuadriga tirada por caballos frisones. Doce banderas de las familias de la corte reforzaron la imagen de posesión definitiva de la ciudad.
Tras el capitán, llegaron los propios Moros Marinos, encabezados por sus tradicionales Gastadors. El desfile continuó con las otras once comparsas del bando de la media luna: Chanos, Omeyas, Benimerins, Abencerrajes, Kábilas, Saudites, Mudéjares, Mossàrabs, Taifas y Moros Berberiscos.
La comparsa Moros Españoles cerró el desfile con una Embajada Mora ambientada en el año 1086, recreando la unión de los reinos de taifas de Al-Ándalus para hacer frente a una amenaza común. El boato se estructuró en bloques dedicados a los Abadíes de Sevilla, los Amiríes de Valencia y el reino del Albaicín de Granada.
Nobles, guerreros y estandartes dieron forma a cada territorio, antes de confluir en un concilio que representaba la unión de los diferentes reinos para formar una gran coalición. El último bloque estuvo protagonizado por los Asdiqa, dirigiendo la alianza, seguidos por el embajador moro, Sergi Garcia, y el abanderado, David Mateu, con música de la Unión Musical de Ontinyent.
La Embajada concluyó con un epílogo de los Moros Españoles, lanzando un mensaje final de unidad: las grandes victorias pertenecen a aquellos que caminan juntos bajo una misma causa, un lema especialmente relevante en tiempos de polarización.