Los trabajos de campo, desarrollados durante los meses de mayo y junio, han permitido identificar un volumen de epigrafía muy superior al conocido hasta la fecha. Las inscripciones, datadas mayoritariamente entre los siglos I y II d.C., se concentran en una sala subterránea situada a más de doscientos metros de profundidad, descubierta en 2024.
El análisis de los textos confirma el papel protagonista de las mujeres en la vida ritual del santuario. Según los investigadores, la presencia de nombres femeninos y de ofrendas textiles, como fusayolas, corrobora una participación activa en el culto a una divinidad específica. Entre los hallazgos destaca la advocación a una diosa llamada Domina y otra diosa inédita hasta ahora, denominada MALACI.
La concentración de los textos en una zona delimitada de la cavidad, alejada de la entrada, indica que se trataba de un espacio organizado para la práctica religiosa. Los visitantes depositaban sus ofrendas en pequeñas balsas naturales, conocidas como gours, que retienen el agua de las galerías subterráneas.




