El Plan General Estructural (PGE) de Alicante, pendiente de supervisión de la Conselleria de Medio Ambiente, abre la puerta a un diseño urbanístico en vertical. El plan propone renunciar al límite general de diez plantas para permitir edificaciones más altas, con el objetivo de liberar suelo para usos públicos como zonas verdes, viales más amplios o mejoras en el transporte público, incluyendo nuevas líneas de tranvía o carriles reservados para bus.
Este modelo de edificación en altura, ya adoptado por otros municipios como Benidorm, permitirá absorber el crecimiento demográfico previsto, que estima que Alicante alcanzará los 466.340 habitantes en 2050, más de 100.000 residentes adicionales. La planificación prevé la construcción de más de 44.886 nuevas viviendas, tanto de renta libre como de protección pública, sin recalificar nuevos sectores urbanísticos más allá de los ya contemplados en el PGOU de 1987.
El documento apuesta por un modelo policéntrico, priorizando la regeneración de barrios consolidados y el desarrollo de sectores pendientes como Pino y Ruaya. Los nuevos desarrollos residenciales se localizarán de forma selectiva para completar la estructura urbana, resolver discontinuidades y ejecutar dotaciones e infraestructuras, configurando un arco de crecimiento en los bordes oeste, norte y noreste de la ciudad para evitar una expansión dispersa.
Dentro de estos nuevos espacios, se prevé el desarrollo de ocho sectores residenciales que albergarán unas 23.155 viviendas. Los sectores con mayor capacidad son Fondo Piqueres (8.250 viviendas), Vistahermosa-Juncaret (3.560) y Guijarro-Villafranqueza (3.052). Entre el 30% y el 40% de las nuevas viviendas en estos barrios deberán ser de protección pública, además de unas 2.000 viviendas protegidas de iniciativa pública previstas por el Plan Vive y otras parcelas municipales.
El PGE determina que el desarrollo urbanístico no fomenta la segunda residencia, sino que refuerza la vivienda habitual, protegida y asequible. Se estima que aún podrían construirse unas 10.010 viviendas en zonas urbanizadas actuales, a las que se suman unas 2.025 viviendas en actuaciones en programación (como el Parque Central o Sangueta) y unas 12.782 en Operaciones de Transformación Estructural (OTE) en los polígonos de Rabasa y Florida-Babel.
La apuesta por el modelo vertical busca utilizar de forma más eficiente los tejidos urbanos, evitando que la respuesta a las necesidades residenciales dependa exclusivamente de nuevos suelos. La mayor altura podrá admitirse en ámbitos estratégicos para concentrar edificabilidad, reducir la ocupación en planta y evitar efectos de apantallamiento, siempre que contribuya a mejorar la permeabilidad visual y urbana, liberar suelo para zonas verdes y mejorar la calidad del entorno.
La determinación de la altura no será uniforme, sino que se valorará caso por caso, teniendo en cuenta el estudio de paisaje, las visuales, los hitos urbanos y el confort climático. La concentración de la edificabilidad en altura deberá traducirse en una menor ocupación del suelo y una mejora verificable del espacio público, las zonas verdes y la movilidad.




