El hacha, elaborada a partir de un nódulo de sillimanita, destaca por su color blanco, forma poligonal y sección rectangular. Se encuentra en un excelente estado de conservación, a pesar de tener el remate posterior o talón roto. Mide 12,5 centímetros de longitud, 4,7 de anchura y 3,2 de grosor.
El concejal de Patrimonio Histórico, Iñaki Pérez Rico, ha subrayado la importancia de la pieza: “esta hacha es mucho más que una herramienta prehistórica: es un testimonio excepcional de las primeras comunidades que habitaron nuestro territorio y una muestra del enorme valor histórico y arqueológico que conserva Elda. Conocer y divulgar nuestro patrimonio es fundamental para comprender de dónde venimos y preservar nuestra memoria colectiva”.
Las hachas de piedra pulida fueron herramientas características del Neolítico, un periodo marcado por la aparición de la agricultura y la ganadería y el paso hacia formas de vida sedentarias. Su función principal era cortar y golpear, utilizándose en tareas agrícolas y de tala de árboles, y podían encajarse en mangos de madera. Algunas piezas pequeñas también podrían haber tenido una función ritual.
La técnica del pulido, que consistía en alisar la piedra con fricción y arena, mejoraba la resistencia y la eficacia de las herramientas. El hacha fue encontrada en 1967 durante labores agrícolas en el paraje de El Chopo, en el término municipal de Elda, y entregada a la Sección de Arqueología del Centro Excursionista Eldense.
Posteriormente, prospecciones arqueológicas en la zona no localizaron más restos. El yacimiento de El Chopo-El Chorrillo, al norte de la sierra de La Torreta, ha proporcionado también fragmentos de cerámica y evidencias de un posible santuario prerromano. La cronología del hacha la sitúa en el Neolítico, hace unos 7.000 años.
Actualmente, la pieza forma parte de la colección del museo y se puede contemplar en la Sala de Prehistoria, junto con otros materiales del yacimiento y de la zona.




