El acto, que rememora los ataques piratas del siglo XVI, ofreció un espectáculo lleno de coreografías, escenas bélicas y el uso abundante de pólvora. La batalla épica entre moros y cristianos, que tendrá continuidad con la conquista y reconquista del Castillo Fortaleza, atrajo a un gran número de público a la playa.
Este tradicional asalto moro, impulsado por la asociación organizadora, ha evolucionado en los últimos tiempos. En esta edición, se ha desplazado unos cien metros al este de la playa de Levante, ganando visibilidad y capacidad para el público, que ahora dispone de más espacio alrededor de la escena.
Bajo un sol radiante, los cristianos esperaban en su empalizada la inminente amenaza de un numeroso grupo de moros. Estos, camuflados en la penumbra de las primeras luces del día, llegaron desde la Isla Plana hasta la orilla del mar.
El periodista José Juan López narró la historia de la zona, desde la época íbera y romana, pasando por la Edad Media, hasta la repoblación posterior a la Reconquista. La narración situó a los asistentes en el siglo XVI, época de constantes ataques de los piratas berberiscos capitaneados por Barbarroja, que utilizaban la actual isla de Tabarca como base.
La representación comenzó con el boato de las bailarinas musulmanas y un desafío entre los heraldos de cada bando. Ante la petición de rendición moro, los cristianos, percibiendo que no se trataba de una simple escaramuza, se prepararon para la lucha con las primeras andanadas de flechas y un enfrentamiento cuerpo a cuerpo.
Tras los bailes del boato cristiano, tuvo lugar un duelo sangriento. Un guerrero cristiano salió a luchar a pecho descubierto para ganar tiempo, pero su valentía tuvo un trágico desenlace para su bando.
Las tropas de la media luna, soñando con la victoria, prepararon la carga definitiva contra el campamento cristiano. Los arcabuces y cañones rompieron la tranquilidad matinal a orillas del Mediterráneo, forzando a los cristianos a buscar refugio.
“"Nos comprometemos a recuperar más pronto que tarde lo que un día nos perteneció."
Los embajadores de ambos bandos se retaron sobre la arena. El Embajador Moro, interpretado por Manuel Gabino, reclamó la rendición ofreciendo bienestar. La Embajadora Cristiana, interpretada por Judith Valero, asumiendo la derrota, juró venganza.
La batalla concluyó, pero la guerra continúa. Quedan dos jornadas de lucha intensa, con pólvora y sangre, con el objetivo común para ambos bandos de convertirse en los dueños del Castillo-Fortaleza.




